|
ORÍGENES DE LA COFRADÍA
Como evidencia su
título esta Hermandad hoy en día es producto de la unión de dos distintas en
el pasado, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, fundada en el convento de San
Francisco de la Observancia y la VOT de los Siervos Bajo la protección de
Ntra. Sra. De los Dolores.
La fundación de la
Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno fue aprobada por D. Iñigo de Leziñana,
Provisor Eclesiástico el 10 de Mayo de 1587 instalándose desde entonces en
una capilla pequeña del Convento de San Francisco.
Nada se sabe de la
advocación de la Virgen que acompañaría a Nuestro Padre Jesús Nazareno desde
su fundación hasta que se fusionó con la de los dolores aunque debemos
señalar que en la capilla de la Hermandad hay un cuadro representando a la
Virgen de la Antigua.
Tras la Real Orden
dictada por Carlos III en 1783 de todas las Hermandades erigidas sin
autorización Real ni Eclesiástica, no se tiene conocimiento de la aprobación
de sus reglas por el Supremo y Real Consejo de Castilla, aunque si esta
documentada la existencia de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, pues
en 1792 adquirió unas nuevas parihuelas para la Semana Santa que aún se
conservan.
La Invasión Francesa
obligó a los cofrades a salvaguardar las imágenes titulares anta la amenaza
de los franceses. Con la Hermandad dispersa, el proceso desamortizador
propició el abandono del Convento por parte de los Franciscanos ocasionando
la desintegración total de la Hermandad. Tras estos años de desconcierto en
los que cesó prácticamente la actividad de la Hermandad esta comenzaría a
andar de la mano de otra creada recientemente en el mismo convento. La
sujeción de la Hermandad de Jesús Nazareno a la de Los Dolores le permitiría
gozar de una protección reglamentaria con aprobación civil y eclesiástica ya
que la congregación de los Siervos de María pronto se agregaría a la
Venerable Orden Tercera de Sevilla.
En 1849 carecía de
Reglas, el Visitador de ese año Gregorio López, mandó buscarlas y si no
aparecían que se hicieran otras nuevas. En vista de que la indagación
resultó infructuosa, la hermandad acordó en 1 de enero de 1852 nombrar una
comisión encabezada por el Hermano Mayor José López Valiente para que
redactasen unas nuevas Reglas, o si les parecía oportuna, solicitaran la
incorporación de esta hermandad a la Venerable Orden Tercera de los Siervos
de María Stma. de los Dolores de Sevilla. En cabildo de 10 de mayo de ese
año se manifestó la comisión que había optado por incorporarse a dicha Orden
con el título de “Venerable Orden Tercera de Siervos de Mª Stma. de los
Dolores y Ntro. Padre de las Tres Caidas”, lo que había sido concedido por
Decreto del Arcipreste de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla.
En el año 1979 se
redactaron unas nuevas Reglas aprobadas por el Obispo auxiliar de Sevilla D.
Rafel Bellido Caro tomando entonces el título de Venerable Hermandad y
Cofradía de Servitas de Mª Stma. de los Dolores, Ntro. Padre Jesús Nazareno,
Sta, Mujer Verónica y San Juan Evangelista.
Siempre hizo
estación de penitencia en la Madrugada del Viernes Santo con una
organización muy semejante a la actual, predicándose en la Plaza el “sermón
de la Madrugá”. El recorrido era más corto que el actual. La mitad del mismo
se hallaba en la Caridad donde se efectuaba el relevo de los hermanos que
portaban las parihuelas. Doce hermanos con túnicas moradas cargaban la de
nuestro Padre, ocho con túnicas negras la de Ntra. Sra. y seis con túnicas
blancas la de San Juan. Todos lucían el mismo escudo de la Virgen de los
Dolores.
Aparte de su estación de penitencia, en contadas ocasiones salió a la calle
la Virgen de los Dolores. En 1865 salió en rogativa para librar a Lebrija
del Cólera, en 1886 se traslado a la Iglesia parroquial para celebrar una
función de acción de gracias por su intersección. También en 1856 para
implorar la misericordia divina por el temporal que se estaba sufriendo y el
21 de junio de 1857 se llevó a la parroquia para agradecerle la curación del
Pbro. José Ferrero. Durante los años que duró la Guerra contra los franceses
la Hermandad no celebró cultos ni realizó Estación de Penitencia por el mal
estado en que se encontraba la cruz del señor, el manto y las urnas.
NOTA. Estos datos han sido extraídos de las obras
“La Patria de Nebrija”de D. José Bellido Ahumada y de “Nazarenos de Sevilla”
de D. Julio Mayo Rodríguez y otros autores.
ORIGEN SERVITA DE LA
HERMANDAD
Como se indicó anteriormente y ante la inexistencia de Reglas en
la Hermandad, se nombra una comisión compuesta por D. José María López y
Valiente, D. Francisco Javier Morales Salazar y D. Francisco Velásquez y
Velazquez encargada de gestionar “con el mayor celo y recaudo” lo decidido
en cabildo, iniciándose así los tramites para la incorporación a dicha
Hermandad. Dicho permiso se obtiene y comienza para la comisión una serie de
idas y venidas a Sevilla para cerrar tramites y recoger los signos,
escapularios y reglas de la Hermandad Servita, para posteriormente
presentarlo ante los hermanos en Lebrija.
Nuestra Hermandad
obtiene así su regla y se acuerda que el Subcorrector Segundo de la
Hermandad D. José Arias y Ruiz, acompañado del Hermano Mayor segundo D.
Juan Ramón Siurot y el Mayordomo D. Antonio de Alva y Bellido, “...y todos
tres tomen y profesen el Santo Escapulario y profesen en dicha Ciudad,
presentando después a la Hermandad las patentes que acrediten haberse
incorporado a los Siervos de María, y se encargue al Mayordomo, los libros,
impresos, coronas, escapularios y todos los útiles necesarios para llevar a
cabo la instalación de esta Hermandad con los Siervos de Dolores, para que
recoja el testimonio de la regla por la que ha de gobernarse esta
Hermandad...”. Para su presentación y celebración se acuerda realizar una
función solemne, invitándose al acto a las autoridades del momento. Se
llevaría a cabo el tercer domingo de Septiembre, 19 del dicho mes, en que la
iglesia celebra los Dolores de María Santísima.
Ahora bien, ¿qué se
ordena en esas reglas? En resumen, en esas reglas, se observan dos aspectos
importantes: - al margen de lo que es la organización de una hermandad -.
Destaca el culto a la Madre Dolorosa: Ejercicios que han de hacer los
hermanos a los que se dedica varios capítulos en la regla. El principal es
la Fiesta que se debe hacer el Viernes de Dolores; “ Ordenamos que todos los
años el día que Nuestra Señora Madre Iglesia celebra los Dolores de la
Santísima Virgen, haga esta Hermandad y Orden una fiesta con el mayor
lucimiento, culto y adorno que sea posible, para lo cual se nombraran
Diputados que con todo primor y celo, se dediquen a buscar lo preciso para
el dicho fin”.
En el capítulo IX se
dice: “De los ejercicios que se han de hacer, ordenamos que todos los
viernes del año se rece la Corona Dolorosa conforme al libro que se imprimió
el año de mil setecientos veinte y tres...”.
Dispone la regla en
su Capítulo X sobre las “Comuniones que deben hacerse al año y se dice “
Ordenamos juntamente, que cuatro veces en el año se haya de llamar por
cédula a nuestra Hermandad para comulgar a nuestra capilla....Los días que
han de hacerse las comuniones son el de los Dolores de María Santísima
Señora Nuestra, el día de su Santísima Anunciación, Natividad de María
Santísima y día de su Purificación...”
El segundo de los
aspectos al que nos referíamos , es el de la asistencia al prójimo, sobre
todo en la muerte, así, en el Capítulo XI, - Sufragios que se harán a los
hermanos difuntos – dice: “...falleciendo alguno de nuestra Hermandad y
Orden, se haya de decir seis Misas rezadas quam primum, daránseles también
cuatro acompañados, doce cirios y otros tantos niños de la Doctrina para
llevarlos, doce archeros, paño y bóveda y doble con la campana de nuestra
Hermandad, desde que se mueren hasta que estén enterrados...”; en este
capítulo se llega a concretar hasta el punto de concretar exactamente la
asistencia post mortem que le corresponde al difunto dependiendo si es
hermano o hermana, familiares directamente dependientes del hermano/a o no,
si son correctores, si son o han sido oficiales...”
También en relación
con este último aspecto ,se dispone en dichas reglas la Visita de Hospitales
“... es de nuestro orden el visitar en comunidad los Hospitales, por lo que
ordenamos que por lo menos una vez cada año se visiten los enfermos de uno
de los Hospitales de esta ciudad y se les dé pasto Espiritual, llevando para
ello predicador que lo ejecute y se les hará algún regalito según se ha
practicado”.
Tipo de asistencia
sumamente importante la mandada prestar en la regla de la Hermandad para
una sociedad donde el estado a diferencia de hoy día no proporcionaba
ningún tipo de cobertura social y más aún en una sociedad enormemente
religiosa y católica en la que el bien morir era fundamental para la
salvación del alma. Esto significaba morir cristianamente con la
extremaunción, entierro digno, misas y sufragios por el difunto, algo que
podría resultar caro para la inmensa mayoría de la población de entonces,
pero considerada como una de las mejores inversiones del individuo.
Estas dos cuestiones
expresadas podríamos considerarlas como las señas de identidad de este tipo
de Congregaciones servitas que parten ya desde su fundación en Florencia en
1233 en este sentido, cuando un grupo de siete jóvenes santos fundadores (Buenhijo
Monaldi, Bonayunta Manetti, Maneto dell’Antella, Amadeo Amidei, Sosteño,
Hugo, Alejo Falconieri) de elevada posición deciden abandonarlo todo,
repartir sus bienes entre los necesitados y llevar una vida contemplativa
entregados a la oración, alabanza del Señor y servicio al pobre,
inspirándose en María, - la sierva del Señor – como dice en el pasaje
evangélico de la Anunciación “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí
según tu palabra”. (Patrón de santidad seguido por Santa Juliana de
Falconieri sobrina de San Alejo, quien fue dirigida espiritualmente por otro
santo, San Felipe Benicio). Del ejemplo de la Virgen María asumieron el
nombre de Siervos, y dieron inicio a una Orden religiosa especialmente
dedicada a al Virgen que se fue extendiendo por todo el mundo. Concretamente
en España, está presente a través de casas de frailes y monasterios de
religiosas contemplativas, además de numerosas hermandades y cofradías, de
las que son testigos las Hermandades Servitas sobre todo en el Sur de
España.
Estas cofradías, con
el paso del tiempo han ido adaptando esas señas y principios a las
necesidades de cada época y hoy día se siguen llevando a gala esos
principios de devoción mariana a Nuestra Señora de los Dolores y también –
aunque no todo lo que se quisiera – el servicio y la ayuda al prójimo, al
necesitado, aunque quizás de otro tipo al visto anteriormente.
Para concluir,
plantearnos, que visto el ideal servita, quizás debiéramos reflexionar sobre
esos aspectos, si de verdad se lleva a cabo en nuestras hermandades, y sobre
todo en nosotros que pertenecemos a ellas y que en realidad somos los que
tenemos que propiciar esa entrega con la que surgió la familia servita allá
en la Baja Edad Media; es decir que puede que la clave para muchas
cuestiones que se nos presentan en la vida esté más en lo que seamos capaces
de dar que en lo que podamos obtener. |